Si te estás planteando adoptar un animal, antes debes hacerte tres preguntas importantes:

1. ¿Tienes tiempo para cuidarlo? Habrá que bañarlo, pasearlo, educarlo, jugar con él, llevarlo al veterinario...

2. ¿Tienes sitio para él? Mientras estés en el trabajo o centro de estudios, con tu familia o amigos, de vacaciones...

3. ¿Tienes dinero suficiente? Para comprarle comida, vacunas, medicamentos...
 

 

Los animales de la protectora son exactamente iguales a los demás. No están necesariamente enfermos y, por regla general, los posibles traumas se les curan con cariño y paciencia.

Todos los animales pueden adaptarse a una nueva familia, tengan la edad que tengan. Que sólo aprendan los cachorros es falso. Además, un cachorro requiere mucho trabajo para educarlo. De un adulto ya sabemos su tamaño definitivo, son limpios y, como conocen lo que es el abandono, aprenden rápidamente pues su único objetivo es contentar a su familia.

Los perros grandes viven sin problemas en apartamentos o con niños. Se mueven mucho menos que los perros pequeños por la casa y son más resistentes a los comportamientos infantiles.

Los gatos viven sin problemas en un piso. Son felices mientras tengan todo lo que necesitan: comida, juguetes, puestos de "vigilancia" en altura... Los más aventureros, si se habitúan a salir con arnés y atados en corto, pueden pasearse también por sitios tranquilos.

Adoptar animales ancianos, enfermos o mutilados es muy gratificante. Darles una vida feliz es una experiencia única y tan satisfactoria que no se puede explicar con palabras.

Los animales castrados no son infelices. Su temperamento, vitalidad, cariño, inteligencia, ganas de jugar…. no cambian. Se evitan muchas conductas molestas para ellos y sus dueños, así como la proliferación de camadas no deseadas y su inevitable sacrificio.